jueves, 25 de febrero de 2016

País de nieve, Yasunari Kawabata

El clima del libro no es un clima de depresión ni de tristeza, sino de desidia o estatismo. De poca vitalidad.
Y el resultado es hermoso.
La información aparece por accidente con un tono lacónico y a cuentagotas.
Shimamura, un hombre que vive de una herencia importante sin mayores preocupaciones, va a pasar el invierno a una región montañosa que queda aislada del resto del mundo por la nieve. El viene de la ciudad y de una familia de la que no se sabe demasiado.
En el País de nieve está Komako, una joven que él había conocido anteriormente y ahora es geisha. S logra  sacarles lo tangible a los encuentros que tiene con ella. En ese lugar vive en medio de imágene fantasmagóricas. Realidad y ensueño tienen el mismo valor y las mujeres se mezclan con la fuerte presencia de la la naturaleza. Le llegan en imágenes fragmentadas, ventanas, reflejos. Las estudia como alguien que no entendiera de relaciones humanas.
Shimamura es el espectador de lo que le pasa a él mismo y de los cambios que experimentan los demás mientras él permanece inmmutable. Un ejemplo perfecto del personaje simple, que no evoluciona. Y que uno quiere sopapear en varias ocasiones por la falta de reacción.
Todo el movimiento que le falta a él lo tiene Komako, que va de la tristeza a la alegría o hasta la ansiedad extrema (seguro ella también lo quiere sopapear). Va desde la adolescencia hasta la adultez. Komako desaparece, vuelve, va a visitarlo a toda hora, le pide que la acompañe, expresa y nota lo que le pasa a él. A S ni le molesta ni le encanta. Sabe que está de paso y, como se dijo: no reacciona.

Hay tres tiempos en la narración: el viaje durante el invierno, con ese invierno que permite construir una barrera entre consciencia e inconsciencia. El viaje anterior, cuando había conocido a Komako, quien todavía no traajaa oficialmente de dama de compañía. El viaje durante el otoño, momento en el que el deshielo parece amenazar los límites del país de nieve.


Y también está Yoko. Porque tenía que estar la amenaza de que el mundo onírico cruce hacia la realidad.

Mucho invierno, montañas, la naturaleza como resguardo del que no quiere o no puede generar vínculos, el otoño y las polillas que zumban como una mosca en la oreja en otoño, que se escurren por las rendijas.

Y, seguramente, debe haber mucho más que se le escapa al lector occidental, pero que se percibe, aunque apenas, desde lejos.






3 comentarios:

  1. Otro de mis libros favoritos y el primero que leí de Kawabata. Muy bello.

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    1. Es hermoso. Lo leí y lo declaré uno de mis autores favoritos. Hasta ahora, no me defraudó. Todo lo contrario.

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  2. Es hermoso, sí. También fue el primero que leí (es cierto q lo compré por la tapa) y jamás me defraudó. Cada cosa q leo de él me sorprende y me encanta.

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