domingo, 23 de abril de 2017

Los cuerpos del verano, Martín Felipe Castagnet

    
Este me lo recomendaron hace como tres años, pero siempre compraba otros primero y, el día que me decidí, estaba agotado. Volvieron a reeditarlo el año pasado y me empecé a colgar de nuevo. El miedo a que se volviera a agotar, sumado a mi compra reciente del kindle (gracias al que reduje los gastos mensuales en libros), me apuró un poquito y lo compré ayer. 
    Lo leí hoy.

     "Es bueno tener otra vez cuerpo, aunque sea este cuerpo gordo de mujer que nadie más quiere, y salir a caminar por la vereda para sentir la rugosidad del mundo. El calor me satura la piel. Los ojos se entrecierran: hace poco ninguna luz era demasiada para mí. También me gusta toser hasta quedar ronco, regresar al cuerpo y oler la ropa usada" empieza el libro. 

    Ramiro, Rama, se murió hace cien años y fue de los primeros en entrar en estado de flotación, una especie de existencia suspendida en Internet. Hasta que su familia pudo conseguir ese cuerpo de mujer que se describe en el primer párrafo, uno de los más baratos, les hablaba por chat. Ahora, va por ahí con una batería (porque es un cuerpo medio defectuoso) a cuestas, lo que le reduce la movilidad y la fuerza. 
    Es verano, las texturas que describe Castagnet tienen mucho cuerpo, y el cuerpo es el tema alrededor del cual gira la historia. 
    Los personajes transpiran, la carne y la grasa en movimiento se describen con minuciosidad mientras Rama se pone literalmente en la piel de una mujer mayor y, luego de un hombre atlético, narrando de una forma que no es obvia las vivencias que acompañan a cada cuerpo. 

"La mayoría de los muertos prefiere cambiar de cuerpo. 
    La primera minoría se preserva en Internet. 
    La segunda minoría conserva el cuerpo original, como un mendigo aferrado a sus harapos; se los considera enfermos.
    Únicamente unos pocos viejos se niegan al procedimiento, mi hijo Teo incluido; ni siquiera llegan a ser una estadística".

    La percepción de la muerte en esta sociedad es otra y la vida perdió el sentido que tenía. Hay gente que prefiere morir para "quemarse" en un cuerpo nuevo: para cambiar de etnia, de género... lo que sea. Las posibilidades de cada persona para adquirir un cuerpo nuevo define su status social y en lo más bajo de todo están los panchamas, que tienen el mismo nombre que los de la casta más baja de la India y  un lugar similar en la sociedad. Ellos viven en los cementerios que, ya inservibles, se convirtieron en villas de emergencia.
    Para saber quién es quién en ese mundo futuro de cuerpos intercambiables, existe el registro koseki, otro nombre tomado de una cultura milenaria: es el registro más antiguo del mundo, es japonés.    
    Pero a Rama el que no lo puede reconocer es su propio hijo, que tiene una enfermedad neurodegenerativa. Para ese hijo, Teo, la muerte va a ser definitiva. En esta realidad, los padres pueden velar a los hijos más frecuentemente que en la actual. Para Rama, que es un muerto anterior al koseki y viene de otra forma de ver el mundo, es el horror. 
    Y así se convierte en un museo ambulante, un empleado que puede dar testimonio y colaborar con el antropólogo Moisés, el que va a escribir sobre la historia y las constumbres anteriores a ese mundo sin muerte. 

    "La navidad se sigue festejando, pero ahora representa el nuevo ciclo cotidiano: como estamos en flotación, nos queman y luego entramos en flotación de nuevo. Para los más conservadores, en cambio, Jesús representa la liberación del espíritu sobre la prisión de la máquina". 

    Al cambiar la concepción de la muerte, las creencias se transforman. El portavoz del nuevo mito es arqueólogo, un científico. 

    "Los chicos se estiran incómodos los cuellos de las remeras. No entienden muy bien quién es abuelo, quién tío, quién bisabuelo; las viejas etiquetas les deben parecer espesas e imprecisas. Son la última generación; en adelante no habrá generaciones sino multiplicaciones, hacia arriba y hacia abajo, hacia una nueva estructura lateral". 

   Mientras Azafrán, la hija del siguiente matrimonio de la viuda de Ramiro (que es una de las que optaron por la muerte natural), busca reconstruir el árbol genealógico, este se desvanece como tal. Ella misma podría llegar a ser la mamá del futuro hijo de Rama. No, no es algo que suceda en la historia. Es para ilustrar lo de la lateralidad. 
    Un mundo en el que los muertos siguen entre los vivos es un mundo muerto por más vueltas que le den al asunto. El ambiente de la novela es gótico, los fantasmas no dejan de interactuar con los vivos, los cuerpos de los muertos son habitados por los que salen de la flotación y nadie va a estar con su pareja sólamente hasta que la muerte los separe. 
    
    Es la primera novela del autor, publicada hace cuatro años. Es impecable.