viernes, 13 de mayo de 2016

Dos veces junio, Kohan

"El cuaderno de notas estaba abierto, en medio de la mesa. Había una sola frase escrita en esas dos páginas que quedaban a la vista.Decía: "¿A partir de qué se puede empesar a torturar a un niño?"

Un conscripto horrorizado por la falta de ortografía. Temeroso de que descubran que fue a corregirla con la lapicera.

El mundial de fútbol, junio de 1978. 1 de junio de 1982, fin de la guerra de Malvinas.
El fútbol y el campo semántico compartido con las guerras.
Los números: las fechas, los muertos, los resultados. El número que falta es ese que podría haber  humanizado al protagonista.

"Así es de frágil el cuerpo humano: donde había pierna y pie, o la mano con sus dedos, donde había un uslo, un codo, un hombro, de pronto no hay nada".

Los cuerpos de las putas, de los combatientes, de los enfermos terminales que ya no son de ellos sino de los clientes, las patrias, los médicos.  Los muertos en vida. El entierro de un familiar con vida, una lisiada en el living de una casa.
Las voces, las anotaciones, los ruidos, lo que nunca se quiere confirmar de frente, lo que se observa de refilón.

Dos veces junio es un relato fragmentado, que sugiere, un intento de que se vivencie (de que no se escuche, de que nada se vuelva obvio) la inundación de información, las señales de lo ominoso que está flotando en el aire. Eso que no se explicita, que se deja ahí tirado, por miedo a otorgarle un valor de realidad.

"La voz traspasaba la puerta como si la puerta no existera".

La obediencia debida, el cumplimiento del deber y el cuerpo del conscripto que ya no es del conscripto, el que obedece. Pero, ¿hasta qué punto?

"Un pulóver de lana se estira, cada hebra del tejido hecha con lana se estira, pero llegado a un punto ya no se estira más, y entonces se siente el tirón. Yo no quise sentir el tirón, y me quedé quieto.
Ella,  através de la puerta, sin verla, me decía: "vos no sos uno de ellos".