lunes, 13 de febrero de 2017

Las constelaciones oscuras, Pola Oloixarac

 

La tapa está buenísima. El título es muy sugerente. El nombre de la autora es súper místico.
   La tapa ilustra la analogía entre las contelaciones de hackers, de virus, de software, y  las constelaciones naturales. El título hace alusión a la relevancia y el significado de los vacíos, una idea linda sobre la figura y el fondo. La autora debía sentir que tenía un nombre poco poético (Paula Caracciolo) o marketinero y se puso un nombre de pila más exótico seguido por su apellido escrito de atrás para adelante.
   Capaz que la leí con muchas expectativas y, por eso, me decepcionó bastante.
   Creo que hice una sola reseña de un libro que no me enloqueció y esta voy a hacerla porque, después de devolver el libro (me lo prestó el mismo amigo que me prestó La vegetariana, novelón de la coreana Han Kang), no me lo voy a comprar porque ni pienso releerlo.
   Entonces... a ver, vamos por partes... la ciencia ficción primero. El elemento de ciencia ficción es más que nada una fantasía sobre la ciencia posible. El Estromatoliton. La propuesta es: una base de datos genéticos de toda la población. Un programa capaz de interpretarlos y de dar resultados exactos sobre el adn, sus mutaciones, el accionar del ambiente y del ecosistema que convive con el organismo humano. Hasta acá parece un relato sobre la ciencia posible, como lo que escribía Julio Verne.
   El hacker que logra diseñar un virus que es tan biológico como virtual sí puede entrar en la ciencia ficción (esa mezcla es bien ciberpunk), pero también puede entrar en el terreno de la fantasía. Se podría decir que es una ciencia ficción sociológica (lo que tiene sentido porque la autora es filósofa), sin una sociedad súper avanzada y sin tecnología que hoy se desconozca. Es una ciencia ficción que queda vieja incluso mientras la escriben. No es demasiado novedosa.
   El texto. Pola tiene una forma de narrar muy poética y escribe bien. Pero es demasiado pretenciosa. No me molesta que use palabras poco usuales y conceptos súper científicos, sino que esos términos pocos usuales muchas veces están mal utilizados. Errores semánticos, de uso, de normativa, de todo tipo.
   Otro punto en contra es que pareciera que la autora tira chistes para los estudiantes de la UBA: está el estereotio de exactas (encarnado por un hacker a lo Big Bang Theory o cualquier película de nerds actual donde se los representa como hérores), las becas, los departamentos, los centros de estudiantes... mucho chiste interno para que se diviertan entre universitarios.
   Lo que me gustó: hay un narrador del futuro, de la era posterior al "antropoceno" (toda la historia es de esa era). Hay tres historias diferentes que se entrecruzan conceptualmente: el explorador del siglo XIX, el hacer del siglo XX y ese mismo hacker y la bióloga que lo va a ayudar a desparramar el virus. Las analogías entre lo orgánico y lo inorgánico están uenas también. Ah, y el tipo del siglo XIX, que se dedica a andar de orgías botánicas con las mujeres de una tribu es muy interesante. Pero, de nuevo, muy fantasiosa (digo, en términos de la ciencia ficción que me agrada, no tengo nada en contra del género fantástico).
   La idea de los hackers como resistencia frente a un estado que ya no sólo monopoliza la fuerza sino también el de la información es otra idea copada. Pero nada novedosa. Anonymous existe, los hackers existen, el estado tiene toda la información que necesita. Y, si no la tiene, tiene cómo conseguirla.
   Creo que si no me la hubieran vendido como La novela de ciencia ficción argentina, me habría gustado más. O no. No sé.
   Después releo esto y lo corrijo. Blebleblebleble glub.
   
 



 



La vegetariana, Han Kang- 2007



   Este libro me lo recomendó y prestó un amigo. En general, no me compro los libros que ya leí, pero este, quizás, vaya a ser la excepción.
Sobre el tema de la novela la contratapa dice bastante. Hasta demasiado: "La vegetariana es una novela con un fuerte componente psicológico, que cuestiona los límites culturales de la cordura, la violencia y el valor del cuerpo como un bien privado y último refugio".
   En una cultura sumamente opresora, la única posibilidad de rebeldía se consigue en una apropiación del propio cuerpo. Yeonghye decide hacerse vegetariana después de un sueño y sostiene la decisión pese a que su familia, los hombres sobre todo, tratan de disuadirla, de controlarla. Con este cambio en su alimentación, vienen otras decisiones como el desnudo, la pérdida de la sensualidad de la carne. Al menos, en cuanto a lo que la sociedad considera sensual.
 
 
 "Antes de que mi mujer se hiciera vegetariana, nunca pensé que fuera una persona especial. Para ser franco, ni siquiera me atrajo cuando la vi por primera vez. Ni muy alta ni muy baja, con una melena que no era ni muy larga ni muy corta, tenía la piel descamada y amarillenta, los ojos sin pliegues, pómulos ligeramente prominentes y vestía ropas sin color como si tuviera miedo de verse demasiado personal".

   Así empieza el esposo de Y., el narrador de La vegetariana (la primera parte se llama igual que la novela) los cuatro que va a haber a lo largo de un poco más de cien páginas de historia. Él también siente que no es ni fu ni fa y, en vez de buscarse una mujer que le guste en erio (como le gusta la hermana de su esposa), se busca a alguien que no lo opaque. Él va a narrar desde el sueño de su esposa hasta la internación en un neuropsiquiátrico, cuando la abandona porque ya no es una persona común y corriente.
   Y acá aparece Y como narradora, en bastardilla, "escribiendo" fragmentos oníricos.
   La segunda parte, La mancha mongólica, la narra el cuñado de Y. Al igual que su concuñado, le encanta su cuñada. Y le encanta porque es sencilla, porque parece que tiene una personalidad marcada (que su marido no nota) y porque todavía tiene su mancha mongólica (una mancha de nacimiento que tienen las personas de pueblos mongoles cuando nacen y que desaparece con la mayoría de edad).
   El cuñado, que en la narración del marido de Y. se pintaba como un vago mantenido por la esposa es, en realidad, artista plástico, fotógrafo. Y tiene cierto éxito. En cierta forma, este parece ser el personaje, el narrador, que más comprende lo que le pasa a Y. O por menos parece que es el que la respeta en su decisión y más la valora. Tanto la valora, que la hace parte de su obra.
   Y acá, flores y erotismo, pintura, body painting... desde la primera salida de Y. del neuropsiquiátrico hasta una segunda internación. De nuevo, por lo que la sociedad ve como una falta de control, y que es, en realidad, muestra del dominio total sobre su cuerpo.
   El cuarto narrador es una cuarta narradora: la hermana. Los árboles en llamas. La hermana es todo lo que ella no fue por haberse revelado. Y va a acompañarla durante su segunda y última internación.
   El cierre definitivo: las tres partes de la novela, en principio, eran tres cuentos separados.
   No tengo muchas citas porque le devolví el libro a mi amigo. Y seguro esta reseña necesita correcciones, pero ya la voy a releer. La escribo antes de que me olvide.

   No es un libro sobre el vegetarianismo. Y. no quiere evitar la crueldad contra los animales, sino que va adelgazando de a poco hasta su desaparición. La forma de escape es la inanición y, finalmente, la muerte.
   La separación de la carne es claramente simbólica.