domingo, 21 de agosto de 2016

Asesinos de los días de fiesta, Marco Denevi

   
 
       Marco Denevi, uno de mis escritores preferidos de toda la galaxia, pero que tiene los libros más difíciles de conseguir. Hay una superpoblación de reediciones de Borges, Cortázar y Ocampo (no tengo nada en contra de ninguno de los tres), pero de él sólo se reeditan Rosaura y Ceremonia secreta.
    Por suerte, hay una librería por la calle Larrea, cerca de la facultad de medicina, en alguna cuadra entre Córdoba y Santa Fe, que es muy linda y tiene una cantidad no muy grande de libros, pero sí joyas, incunables e inconseguibles muy, muy, muy baratos.

  "Cuando nos vieron entrar se despabilaron. Se nos figuró que hasta se alegraban de vernos. "Llegaron refuerzos", habrán pensado, "ahora tendremos con quién conversar". Una vieja se levantó con toda la intención de darnos la bienvenida. Pero Ilumnada, que encabezaba el grupo, ya había localizado en un cuarto vecino las flores y los velones, de modo que desairando ostensiblemente a la vieja se dirigió hacia la capilla ardiente y nosotros la seguimos. Cándidos como todavía éramos, imaginábamos que los nueves rubios se habían refugiado en los hondores de la casa porque esos miserables de mirada seca les desbarataban, como a nosotros en el velorio de Betsebita, el goce del llanto. Apenas nos oyesen vendrían corriendo a desquitarse". 

    Los "asesinos" son un grupo de personajes que empiezan a ir a los velorios a cumplir con la función de las plañideras, pero gratis. Se creen una especie de seres míticos griegos resucitados que le hacen un gran bien a la familia y al difunto.

   "Nos dijeron que no necesitaban llorones profesionales, les replicamos que no éramos llorones profesionales sino deudos voluntarios, creyeron que les hacíamos una broma, hasta nos amenazaron con llamar a la policía y al fin tuvimos que huir como delincuentes. 
    - La gente es una mierda- bramó Iluminada cuando estuvimos de vuelta en casa-. Ha llegado a tales extremos de egoísmo que ni siquiera acepta compartir su dolor". 

    Ese delirio de grandeza que comparten se va acrecentando: como se dan manija entre ellos, llegan a la conclusión de que la sociedad, evidentemente, no se da cuenta de la importancia de su misión. De a poco, empiezan a "cobrarse" los servicios robando algunas cositas... un candelabro, una escultura. Se van confundiendo con los parientes y amigos. Y el punto cúlmine, lo más grotesco, lo más delirante de una historia tan delirante como posible, es cuando logran quedarse con la casa de un hombre después de su funeral. Un hombre  sin familia y sin herederos.

    Ahí no va a terminar la historia, sino que va a volverse más y más absurda porque, mientras siguen con escalada y se convencen de sus derechos sobre la propiedad, van descubriendo los secretos que se ocultan en lo del muerto: una red de pasadizos y cuartos ocultos con un contenido y una historia que hacen que que los "plañideros" se vean encerrados en casi casi una tumba egipcia.

 

lunes, 1 de agosto de 2016

Kid Eternity, Morrison/ Fegredo

    Kid Eternity 
Kid Eternity es un personaje viejo de Hit Comics (que después le vendieron a DC), un chico que se muere antes de tiempo y al que, por eso, le devuelven la vida hasta que se cumpla el verdadero plazo y... le dan superpoderes. jeje.
    Esta es una versión muy oscura y fiel a Vértigo. El guión es de Grant Morrison: jugadisimo, con muchos elementos mitológicos. Los dibujos de Fegredo están llenos de claroscuros y caos que acompañan el tono de la historia. 

    
    Jerry es un comediante de stand up que está suspendido entre la vida y la muerte después de haber tenido un accidente automovilístico. Y Kid "lo pasa a buscar" para que lo acompañe al infierno- adonde había ido a parar después de haber hecho travesuras con sus poderes  de donde se acaba de escapar- a buscar a su amigo el portero, que quedó ahí.
    Lo que al principio parece un collage de historias paralelas, conectadas sólo conceptualmente, se va armando de a poco hasta que todo estaba mas relacionado de lo que parecía (hay ue leerlo, no querría soplar nada). El espacio-tiempo de la narración es no sólo caótico, también tiene que ver con el título: la eternidad. El blanco de las viñetas no existe: funciona como un espacio más para representar esa realidad fragmentada, la multiplicidad de líneas temporales, los distintos planos que conviven, lo relativo, lo que es y no es o es muchas cosas al mismo tiempo.
    Y la verdad es que funciona muy bien, sobre todo teniendo en cuenta lo difícil que debe ser llevar este concepto a ciento cuarenta y cuatro páginas de historieta.
    Sí hay que decir que el poco espacio, la poca cantidad de páginas, hacen que algunas cosas se tengan que resolver de golpe y porrazo. Así y todo, el clima no se corta y la historia es plausible.
 


   El espacio del infierno (y los seres que hay ahí) es muy interesante. El recorrido que hacen, aunque Kid diga con sorna mientras mira las ilustraciones de Doré de La divina comedia que "el Infierno no tiene nada que ver con esto", es similar al recorrido de Virgilio (el barquero, distintos círculos o niveles, las mismas "penas"). Pero, según Morrison, el paisaje infernal depende de la subjetividad de cada persona. Sí hay ciertos lugares, ciertas referencias que, como fueron visualizadas por muchos habitantes, quedaron fijas, permanentes. Quizás como arquetipos.
    La historia sigue en otros volúmenes, todavía no los tengo.