martes, 13 de diciembre de 2016

Los cuentos siniestros, Kobo Abe (1954-1964)


    Los cuentos de Kobo Abe no me resultaron ajenos del todo, si bien lo siniestro de los cuentos tiene un tinte extrañísimo. Se parece a varios escritores, pero es diferente a todos. La realidad de los personajes, que  no tienen nombre, sino iniciales o descripciones como "el hombre del traje pardo", es una realidad extraña que no parece diferenciarse de lo que les pasa internamente.
    Esta cuestión tan existencialista se repite en varios de los cuentos, donde se cuestiona la realidad empírica y se sugiere cierta veracidad de los universos construidos por el individuo.  
    
    Pánico

Un desocupado, una entrevista de trabajo turbia, extraña. Negarse a trabajar para pánico no sé si es más peligroso que aceptar la oferta... tampoco se logra marcar una línea bien clara entre el delirio que genera el pánico a caer en la pobreza y una realidad llena de conspiraciones y una policía cómplice del crimen bien bien organizado...  

   El perro 

Un artista plástico, S, se casa con la modelo del centro educativo en el que trabaja. La modelo viene con perro y todo, un perro bastante extraño con el que el tipo mantene una relación enfermiza y desopilante hasta que el animal termina cenándoselo. 
El objeto del arte, la modelo, que había pasado por toda una serie de transformaciones antes de casarse, termina de perder su originalidad e independencia en manos del protagonista: un pintor abstracto. Este, por su parte, postula la importancia del alma de la mujer por encima de lo carnal . Los estudiantes ("con el argumento de que se trataba de un entrenamiento diario, necesario para cosificar el cuerpo humano") la correteaban y se apoderaban de ella, que ella retozaba y se dejaba abrazar como si fuera una mascota. 

El Grupo de Petición Anticanibalista y los tres caballeros

"¿Y ustedess tienen apetito ante un puerco vivo? Al contrario, simpatizan con los animales. A nosotros nos pasa lo mismo. No somos tan insensibles para confundir los hombres vivos y los hombres ya procesados en rebanadas y salchichas"

   El ciego, el manco y el mocho son tres caníbales, miembros de la clase social que puede darse el lujo de comer carne humana. A su encuentro va un representante de los que son comestibles ya que no pueden pagarse un bife de persona. Lo que obtienen a cambio es que les mejoraron la vida cuantitativa y cualitativamente... a cambio de la carne de sus hijos o de ellos mismos. 

El huevo de plomo 

En los huevos de plomo es donde congelan a los profesores, a los hombres de ciencia, para que se despierten unos cien años después.
Pasaron miles de años y los hombres se separaron en dos especies: los antiguos, que mantienen las características físicas del humano de nuestros tiempo; los modernos, que, para sobrevivir, se inyectaron clorofila hasta que pueden vivir haciendo fotosíntesis (estos seres que tienen sí tienen nombre en el libro).
El viajero, que se despierta después de 80000 años, descubre que una de estas especies tiene esclavizada a la otra...

La casa

"Yo recuerdo haber visto un pretidigitador parecido, que manejaba un objeto inexistente como si existiera de verdad".

El ancestro vino como parte de la herencia de la casa. Lo tienen guardado, escondido del resto de la gente en una habitación. Ya que es sólo visible para la familia, el ancestro puede existir o no...

"Una ilusión individual es falsa, mientras que la compartida entre diez personas tiene derecho a ser verídica; y si la comparten millones de personas, ya tiene una existencia absoluta, ¿me entiendes?"

La muerte ajena

A vive en algo que puede ser un edificio con departamentos o algún tipo de vivienda colectiva similar a una pensión (hay baños públicos... y no sé cómo viven en Japón).
El tema es que A llega un día del trabajo y se encuentra con que, literalmente, le tiraron un muerto. Él al muerto no lo conocía, pero la presencia de este en su casa lo implicaría directamente en el asesinato.
Y así, con cada por desvincularse del cadáver, va embarrándola cada vez más...

"Estaba seguro de que el muerto no tenía nada que ver con él. Era un hecho irrefutable en absoluto. Sin embargo, no habría nadie capaz de verificar que la muerte fuera ajena a él. Un suceso queda anclado en el mundo empírico de la gente que lo experimentó como experiencia directa". 

Al borde del abismo

El potagonista es un oficinista que es, además, un boxeador en declive.
El hombre, que ya no es tan joven, no tiene el mejor rendimiento físico. Está metido en un sistema cruel, el  del boxeo (que bien podría ser el del éxito económico en el sistema en el que vivimos), donde hay un sólo campeón entre cincuenta deportistas y ese campeón llega a costa de la derrota ajena.
La decisión de aceptar la pelea con la que puede terminar de irse a pique o remontar su carrera se la deja a la superstición.

















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