domingo, 10 de julio de 2016

Мы, Евгений Замятин- Nosotros, Yevgeni Zamyatin

   

      Unos cuantos siglos después de la Guerra, los "números" viven a merced de un estado totalitario, encabezado por el Bienhechor. Los rostros de los números se volvieron, aunque sea frente a los ojos de estos habitantes deshumanizados, geométricos. Geométricos son los ideales de belleza, pensamiento y la lógica está por encima de los sentimientos. La felicidad es obligatoria para los que viven dentro del perímetro delimitado por la "Pared verde" y se consigue por medio de un estado de negación permanente. Al que escapa a esa norma lo asesinan o le hacen una especie de lobotomía.
    Los edificios en los que viven los números están hechos de vidrio para que no pueda pasar nada que esté más allá del control de Bienhechor. A este estado de vigilancia permamente se le suman una serie de acciones en cojunto diarias (así se trasladan, estudian, trabajan, comen, se distienden, ejercitan). La ropa es la misma para todos: uniformes grises. Los ideales: la evolución de la sociedad, siempre en una curva ascendente y la felicidad de pertenecer a un estado perfecto.
     La masa está por encima del individuo y los números no utilizan el "yo" en sus oraciones, sino el "nosotros". El sexo no sirve para reproducirse y las relaciones entre padres  ehijos ya no eisten. La necesidad se convierte en algo puramente fisiológica y las citas se concertan por medio de unos bonos rosadhormonal de por medio). Ese momento de descarga es el único momento en el que se les permite bajar las persianas de los cubos de cristal y estar a solas.  
     

    Lo interesante de la novela, además de ser, quizás, la primera distopía, es que está escrita en un registro que se va desarrollando y complejizando a medida que avanza la trama.
    La historia la conocemos gracias al diario de D-503 (el mismo número de su departamento), un matemático e ingeniero que está construyendo la Integral, una nave que con la que los números van a salir a conquistar el espacio exterior. La construcción de la Integral avanza y, junto a esta, el personaje del narrador se va complejizando junto con su uso del lenguaje. Al principio, la lectura es un poco trabada, repetitiva, priman las construciones metafóricas de "esa époc"a (el futuro) con números, figuras geométricas (todo lo bueno es medible, ideal, circular, geométrico, racional) y lo horrible es todo lo que escape de ese canon.
    D-503 conoce a I-330 (la chica es una activista opositora al regimen) y chau, se enamora. A partir de ahí , D empieza a enfermarse de "locura" y su propio proceso empieza a repeirse en otros números. En esta parte, se nota la religiosidad del escritor, que decide que D va a descubrir que el alma no es un mito de los antiguos (el alma es lo que para alguien no creyente sería lo irracional que tiene cada ser humano). La escritura, de a poco, se va poetizando y soltando, fluye cada vez más. Hasta los pronombres cambian en la redacción del protagonista: antes hablaba de un "nosotros" y, ahora que esa idea se le derrumbó, no termina de entender quién es él, quiénes ellos y quiénes nosotros.
    Y el descontrol final va a ser cuando descubra que atrás de Pared Verde hay un mundo salvaje al que nadie tiene acceso: árboles, humanos "primitivos", la vida salvaje, el mito de la vuelta a los origenes y a la naturaleza.
 

 Yevgeni Zamyatin escribió Nosotros en 1921, Un mundo feliz es de 1931 y 1984, de 1950.

 


3 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Cuál? este libro te pusiste a leer? o alguno de los de asimov?

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    2. Este. Pero va lento. Explica demasiado. Es menos literario que Orwell.

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