martes, 31 de enero de 2017

Pierre y Smerdiákov, Tolstói, Dostoievski y los franceses

 

No se puede escribir una sola reseña de Los hermanos Karamázov. O sí, pero hasta ahora no pude. Es una novela larga, compleja, llena de relatos que bien podrían ser cuentos o ensayos independientes (de hecho, El gran inquisidor se vende a modo de librito y la charla de Iván con el diablo creo que también).
    Con La guerra y la paz me pasa algo similiar, aunque es un libro más homogéneo:, estaría dividido sólo entre escenas de paz, de guerra y reflexiones de Tólstoi sobre la historia. Sobre todo sobre la guerra. Claro, esto desde hoy, porque en el momento en que la publicaron, La guerra y la paz parecía una salvajada desmembrada que iba contra la uniformidad de la novela del siglo XVIII.
    Los hermanos Karamazov es una novela que, si se la agarra sin datos del autor ni contexto, se puede tomar perfectamente como una obra moderna: fragmentaria, con multiples puntos de vista sobre los mismos hechos, que cambia de un narrador a otro y que explora el subconsciente de los personajes. .
    Así que, para empezar a abordar estas dos obras terriblemente inmensas y excepcionales, geniales y (basada en la evidencia, el tiempo que tardé en leer cada uno) atrapantes, voy a agarrar el personaje común: el hijo bastardo educado en Francia.
    Como trasfondo, se puede decir que Rusia "entró" al mundo civilizado afrancesándose. Hacia principios de 1800, en la corte del Imperio ruso no se hablaba en ruso sino en francés. San Petersburgo se había construido con un estilo occidentalizado (francés) y las colecciones de arte de la nobleza provenían, mayormente, de Francia. El estilo de los artistas plásticos de la época, la moda, todo era francés. Y en esto insiste el personaje misterioso de la película El arca rusa, de Sokúrov: un francés que se burla de la falta de identidad de los rusos.
    Y justo acá entraría en escena Pierre, el hijo bastardo del conde Bezújov que es, sin embargo, su preferido, y al que va a reconocer en su testamento como hijo natural y único heredero. Pierre, que en realidad se llama Piótr (nombre que recibe en algún momento avanzada la segunda mitad del libro), es un admirador de Napoleón (claro, hasta que invade Rusia) y de las ideas nuevas que circulan por Europa. Masón iniciado en una ceremonia que se describe en el libro, decide dedicarle su vida al "bien de la humanidad".
    Por otro lado y décadas después, tendría lugar el personaje de Dostoievski: Smerdiákov. Hijo ilegítimo y no confirmado de manera directa ni siquiera en el libro de Fiódor Karamázov y Lizaveta, que vendría a ser la loca del barrio que vive en la calle. A Smerdiákov el padre no lo recibe, sino que se lo deja a un sirviente y su mujer después de que Lizaveta da a luz entre las porquerías que hay alrededor de su casa. Si bien el viejo jamás lo reconoce como hijo, se hace cargo de manera indirecta y paga los gastos de ese hijo bastardo que crece con muchos rencores, enfermo de epilepsia y al que manda a estudiar cocina a... Francia.
    Los dos bastardos, entonces, son totalmente antagónicos. Hasta avanzada la novela, Pierre es el que, en cierta forma, lleva los ideales del humanismo y de la masonería a una Rusia imperial y feudal. Intenta, sin mucho éxito, concertar esas ideas en sus tierras, pero la corrupción imperante, sumada a la falta de voluntad que muestra cada vez que hace lo que se supone que tiene que hacer (hasta casarse) hace que todo quede en un palabrerío. Y hay una gran brecha entre lo que él supone que hace y lo que hace en serio. Smerdiákov, por otro lado, es un hombre rencoroso que no quiere mucho a nadie y al que uno entiende perfectamente. Es sumamente inteligente, pero sólo puede dedicarse a la cocina, donde se destaca, y a los quehaceres domésticos. Al que no lo entienda, al que no logre empatizar con ese personaje, Dostoievksi lo va a terminar convenciendo, después de páginas y páginas sobre la crueldad humana y sus consecuencias sobre el "alma", de que no es tan culpable como parece, sino que es el resultado del desprecio de su propia familia.
    Pierre casi no conoce al padre y lo acompaña en su lecho de muerte; Smerdiákov es el encargado de matar al suyo a sangre fría y lograr que condenen a un inocente en su lugar. Pierre es la herencia de Francia, de la luz de la civilización que se adapta al ser ruso: el sincretismo entre lo nuevo y lo tradicional. Smerdiákov es el encargado de (por algo Freud usó la novela para hablar sobre el parricidio) matar al padre. Llevado a otro nivel, derrumba lo francés para construir una nueva identidad rusa. Smerdiákov hace el trabajo sucio porque, en definitiva, el viejo Karamázov les venía arruinando la vida a todos sus hijos y vecinos. Y no es un héroe, sino que es esa fuerza que resulta de la violencia  familar, estatal, eclesiástica, la institución que sea. A esa institución la destruye. El problema es que también destruye la vida de sus hermanos...pero bueno, en la práctica, nunca lo fueron.
 
 
   


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