martes, 31 de enero de 2017

Muchacha punk, Fogwill (1978)


"Oscurecía. Inapelable. Se nos estaba derrumbando la noche encima".     

Muchacha punk es muy corto para considerarlo una novela corta y bastante largo para un cuento. Pero creo que se lo considera un cuento.
    El narrador está en Londres, o dice estarlo, para justificar la narración que transcurre desde la noche hasta el día siguiente. El tiempo es corto, pero los lugares y los viajes en taxi que hae el protagonista son muchos desde la primera escena hasta la última.

   "Yo era friolento, normalmente friolento, pero jamás he sido tan friolento como para ignorar que la campaña sobre el frío nos venía helando tanto, o más aún, que la propia ola de frío que estaba derramándose sobre la semiobsoleta capital".
 
    Esta capital es Londres. Y esta campaña funciona tan bien que hasta mata a varios. Los medios y su influencia, nada muy hermético que digamos.
    Y, desde la mesa de una pizzería manejada por unos españoles, ve a tres chicas punks /vuelve a ver en realidad). Claro, una es la muchacha punk del título.

   "Al volver, un rodeo injustificable me permitió rozar la mesa de las muchachas y contemplar mejor a la mía: tenía hermosos ojos celestes casi transparentes  el ensamble de rasgos que más me gusta, esos que se suelen llamar 'aristocráticos', porque los aristócratas buscan  incorporarlos a su progenie, tomándolos de miembros de la plebe con la secreta finalidad de mejorar o refinar su capital genético hereditario."

    Y ahí empieza con una narración que se va de un extremo al otro de un momento al otro. Ahora, usa un lenguaje bastante vulgar y hasta agresivo para dirigirse a las amigas de la punk como "la gorda" o "la cara de sapo". Un segundo después, está escribiendo un manifiesto sobre la nobleza de Inglaterra, sobre la propaganda política, la construcción, siempre mítica, de las fisonomías y el ser nacional. O bien describe a la chica de una forma poética.

   "¿Cuál es el problema con tú?- me preguntó en inglés-. ¿Qué eres tú pensando?"

El narrador traduce las conversaciones del ingés a un castellano lleno de calcos. En eso calcos, las palabras, las construcciones metafóricas y de significado, quedan al desnudo. La traducción literal al castellano, en vez de mantener el sentido del inglés en un "buen español", es una gran fuente de la que sale mucho material para parodiar un existencialismo que es no se sabe si muy profundo o muy banal. O grandes metáforas. O, simplemente, muchas burlas:

"También volvió  ahablarme de su cicatriz que había costado cincuenta libras: el precio de su pensión semanal, 'como una substacia de hecho".

    Teniendo en cuenta que el protagonista logra acercarse a la chica con frases recontra armadas ("recordé un modelo que siempre marchó bien con beatniks y con hippys y que pensé que podía funcionar con punks"), me inclinaría por la última opción.

   "Bien había visto yo que ellas habían consumido diez o quince libras, pero dejé que se borraran, eso simplificaba la narración". 

    El escritor narrador destapa el mecanismo literario por acá y por allá:
 
   "Pero ella ahora estaba allí, salía del texto y comenzaba a oir mi frase:
   - Nada, pensaba en este frío maldito que arruina cicatrices". 


    Y nos hace cargo de las decepciones del protagonista, le quita solemnidad o sorpresa al relato y le agrega, de nuevo, ese tono socarrón:

   "Segunda decepción del narrador: la cicatriz de la izquierda, a diferencia de las cositas de oro de su lado derecho, era falsa. La había fraguado un maquillador y mi muchachita se apenaba, pues había comenzado a deshacerse por la humedad y por el frío y ahora necesitaba un Service para recuperar su color y su consistencia original". 

    Uno podría empezar a hacer asociaciones entre Inglaterra, sus posturas pseudorebeldes, en el punk rock hecho por chicos que viven alimentados por un sistema colonialista (o neocolonialista o lo que sea) o quedarse con el argentino que sigue deslumbrado incluso después de que ve la farsa. O pensar en el nivel de cinismo y crítica que hace el libro o en la prpouesta estética. O pensar que Fogwill debe haber sido un tipo muy divertido. O, simplemente, disfrutar de una historia que dialoga constantemente con la verdad literaria, la mentira y los reursos de la escritura. O todo junto: tantas casualidades en el mismo libro no puede haber.
    Y, justamente, en la casa de la punk, hija de un inglés cualquiera devenido noble, mantenida y muy adinerada, viven varios punks de las colonias. Siempre drogados y a los que no les permite entrar a ciertas áreas de la casa:

   "Ellos argumentaban que era una 'zorra mezquina', creyendo que la veda obedecía a su deseo de impedir depredaciones en heladeras y alacenas, pero el motivo eran las quejas y los temores de los sirvientes de la casa, que en varias oportunidades habían topado contra semidesnudos punks que comían con las manos en un área de la casa que el personal consideraba suya desde hacía tres generaciones y en la que siempre debían reinar las leyes del Imperio". 
 
   Cualquier asociación con los estados libres asociados (entre los cuales están las Malvinas) queda a criterio de cada uno.
    También queda a criterio del lector cualquier relación entre esos punks mugrientos que le usurpaban el lugar a las clases chupamedias de la nobleza o la aristocracia y nuestra propia historia. La hermana de la chica punk, "naturista, marxista, que estudiaba biología, odiaba las drogas, despreciaba a los punks", tiene libros de Cortázar en inglés en la biblioteca. Y que quedan tan lindos...

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SSSSSSSSSSSssssshhhhhhhhhhhhhhhhhhh no seguir leyendo si no se leyó el libro.

    Según Fogwill, "El relato venía sobrecargado de propósitos teóricos y abunda en guiños, anagramas, provocaciones al Estado policial de la época e insidias a escritores de moda. Como suele ocurrir, todo eso pasó inadvertido a los lectores y al jurado que le concedió el primer premio en el certamen más concurrido de 1980". 

 
   "Tercera decepción del lector: Yo jamás me acosté con una muchacha punk. Peor: yo jamás vi muchachas punk, ni estuve en Londres, ni me fueron franqueadas las puertas de residencias tan distinguidas. Puedo probarlo: desde marzo de 1976 no he vuelto a hacer el amor con otras personas. (Ella se fue, se fue a la quinta, nunca volvió, jamás volvió a llamarme. La franquean otros hombres, otros. Nos ha olvidado; creo que me ha olvidado"). 

 






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