martes, 12 de enero de 2016

Solaris


    Un planeta en otra galaxia sin vida reconocible, comprensible, dominable, catalogable desde la perspectiva humana. Lo único que hay es un océano protoplasmático que cubre casi toda la superficie y parece reaccionar a ciertos estímulos.
    Pero es peligroso porque asesina y destruye las naves.
    Es peligroso porque reacciona a los experimentos entre los que se cuentan pruebas radiactivas.
    Es peligroso porque reacciona cuando lo tratan como a una cosa con la que se puede experimentar sin problemas en nombre de la ciencia.
    Pasan los años y ese lugar, tan raro, sale del centro de atención.
    Solamente queda una estación desde donde se hacen observaciones del planeta y Kris Kelvin, psicólogo, viudo, tiene que ir a ver qué pasa con los tripulantes que, parecen enloqueciendo.
    En la estación, reviven los muertos que más trataron de olvidar los tripulantes.
    Para los tripulantes, en ese planeta aparecen sus propios muertos. Que los atormentan, que no pueden dejarlos un minuto solos como si se tratara de una casa embrujada.
    Kelvin nota que el océano de Solaris se mete en las mentes de las personas hasta lo más profundo del inconsciente y puede tomar distintas formas, desde un hijo muerto hasta una nave espacial.
    Kelvin es el único que se acerca a su propio fantasma: su esposa. Se relaciona con ella, le habla, la ayuda a comprender el mundo y las relaciones humanas. Ella tiene una idea lejana sobre qué pasó entre los dos, pero no logra comprenderlo.
    Él se da cuenta de que, detrás de esa mutación del océano de Solaris, no hay más que un habitante solitario.
    Así, el psicólogo es el único que puede concretar la comunicación con el océano, empatiza con él, se da cuenta de que existe, piensa y siente más allá de esa forma reconocible que adquiere para él.
    Se crea un lazo emocional entre los dos.
    Kelvin vuelve a la Tierra sin informar sobre el contacto establecido.
    Confirmar la inutilidad del planeta para el ser humano es la única manera de que la estacioń cierre definitivamente. De que no lo destruyan.
    Lo mejor de la historia es que no hay extraterrestres antropomorfos o parecidos a alguna forma de vida en el planeta Tierra como en otras obras de ciencia ficción, sino que plantea una forma diferente de existencia. Una masa gigante y metaforfa que puede pensar con varias consciencias a la vez, que necesita del contacto con el otro para generar su multiplicidad de formas. Que así es como trata de comprender a los visitantes de la Tierra y de que ellos lo entiendan. Que quizás se da cuenta de que la única manera de alejar al ser humano que está dañándolo es enfrentándolo con sus miedos.
    El planeta se pone, literalmente, en el lugar del otro.
    Para la tripulación, el horror de permanecer en Solaris es el horror del ser humano frente a sí mismo.


1 comentario: