lunes, 28 de noviembre de 2016

R.U.R., Robots Universales de Rossum- Karel Capek


(1921)

   Calificar esta obra de teatro es difícil, sobre todo porque lo que leí fue una traducción medio fea del checo al inglés. Pero el contenido en sí es innovador, tanto que los robots se llaman robots gracias a este libro de Karel Capek (un dato: el nombre se lo sugirió el hermano).
   En la historia, una mujer, Helena, llega a la fábrica de R.U.R. para reclamar por los derechos humanos de los robots que ahí se fabrican y termina casada con uno de los capos. Pasa el tiempo y los robots, cuyo nombre viene de "raboti", "trabajadores" o los que realizan tareas de servidumbre, "esclavos" en eslavo, liberan a ser humano del yugo del trabajo. El problema llega cuando, a pedido de Helena, a estas máquinas les agregan características fisiológicas que hacen que puedan desarrollar ciertos sentimientos, cierta "alma", una conciencia sobre ellos mismos y una aparente superioridad frente al ser humano. Para coronarla, los robots se convierten en armas de guerra...
    Pero Helena no es una heroína valiente, sino una mujer cobarde y que toma una única decisión: cuando las cosas se les van de las manos, quema el manuscrito con la información para seguir creando robots, y esta les cuesta la vida a todos. Quizas lo estereotipado del personaje, al que le cuesta entender muchos tecnicismos y repite "I'm just a little girl" incluso cuando ya es mayorcita  se puede justificar por el contexto, pero el feminismo ya existía hace rato. Quizás, en el caso de este autor, el machismo se deba a sus ideas religiosas: los dioses- hombres crean una nueva especie y, hacia el final, una mujer robot cuyo papel va a ser repoblar el planeta de las nuevas criaturas hechas a su imagen y semejanza.
     Se explicita, en el texto, la idea de la muerte de la religión, el día del juicio final que llega una vez que los humanos ya no pueden reproducirse porque perdieron toda razón de hacerlo: ya no pueden trabajar, no pueden  cuidar al débil porque no hay diferencias sociales por culpa de lo que resultó deandar jugando a ser dioses... y convierten el mundo en una Sodoma donde el único objetvo es el placer. Es una ciencia ficción distópica y muy religiosa. En 1921 ya existía la URSS y sus intentos por construir una sociedad igualitaria y laica... es muy curiosa que la crítica que proviene desde lo religioso de este libro sea que la humanidad necesita redimirse ocupándose de los pobres y sin pobres no hay redención.
     EL único personaje que se da cuenta de la "herejía" que todo esto implica es la empleada doméstica de Helena, una mujer ignorante, pero profundamente religiosa: pareciera expresar la caída de la ciencia, la necesidad de una vuelta a la espiritualidad en un mundo en el que la ciencia ya no es autónoma (si es que alguna vez lo fue) y provoca miserias, muerte y hasta la extinción de la especie humana.
     Ya destruida la civilización (sólo sobrevive uno de los que estaban al frente de R.U.R., el constructor, el único valorado por los robots porque tiene lo que habían valorado en ellos: manos hábiles, fuerza de trabajo), queda destruido también el dios católico. El nuevo Creador es el hombre, y es el único que parece capaz de seguir creando robots. Pero el sobreviviente no puede, no tiene los conocimientos que tenían los que murieron. La emancipación total de los robots y la trascendencia del ser humano bajo la forma de su creación están en la capacidad de reproducirse que parecen tener  los robots...


   

 
   


 

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