domingo, 6 de noviembre de 2016

El maestro de go, Kawabata

 
  "(...)
   - Soy grado decimotercero - dijo con duidadosa precisión, como haciendo cuentas. Era americano.
   Conocía los mecanismos bastante bien, pero juagaba sin pensar, sin entregarse, realmente al juego.
   (...)
   Perder no parecía importarle lo más mínimo. Pasaba feliz de partida en partida, como diciendo que era una tontería tomarse en serio un simple juego".

   Cuando agarré el libro, lo único que sabía sobre el go es que era un juego de tablero japonés, pero resulta que "el Go entró a Japón desde China. Pero el verdadero Go se desarrolló en Japón". Para el que no sabe nada, se va dando cuenta de algunos datos en el camino: básicamente, es un juego de estrategia que se juega con un tablero y piezas blancas y negras, "piedras", que se van ubicando en las intersecciones de los casilleros. De hecho, no sé más reglas que las que inferí por la lectura, no sé cómo se cuentan los puntos, no sé bien cuál es el objetivo (sí desplazar o destruir al ejército contrario). Pero ese no saber en ningún momento impide meterse en la historia que tiene un suspenso y un dramatismo espectaculares.

    "Uno siempre encuentra una urgencia competitiva en un japonés, por inepto que pueda ser jugando. Uno unca se encuentra con una instancia tan incierta como esta. El espíritu del Go se había perdido".
   
    Hay una distancia inmensa entre estas partidas que juega kawabata con el estadounidense del tren y el juego que se desarrolló durante un año entre el "Maestro" Shusai y Otake, juego que Kawabata había ido a cubrir como periodista. Y es en estas comparación, en ese viaje en tren, que uno compara la narración, la forma de juego, entre dos jugadores y un aficionado que, encima, es extranjero.

    "Tal vez en ninguna otra parte del mundo un certamen ocuparía ochenta horas extendidas a lo largo de tres meses. ¿Se habrá hundido el Go, al igual que el drama Noh y la ceremonia del té, cada vez más profundamente en los escondrijos de una extraña tradición japonesa?"

       El lugar principal en la historia lo tienen las descripciones, muy nítidas, sobre lo que se ve, sobre la belleza del tablero, de los jugadores, las composiciones que observa el cronista, los sonidos, la actitud y personalidad de cada jugador, las direcciones de las miradas. Es un ambiente que se enrarece cuando hay jugadas dudosas, mañas de los jugadores jóvenes que rompen con la armonía del Go...

    "(...) el juego de despedida significaba el fin de una era y el puente hacia una nueva era. Habría una uneva vitalidad en el mundo del Go. Invalidar el certamen significaría interrumpir el flujo de la historia".

    Como en El rumor de la montaña o en Mil grullas, uno de los temas que aparecen en este libro es la historia. El maestro de Go no es sobre una partida nada más: es sobre el período de transición, de pérdidas, que está sufriendo la cultura japonesa en el siglo XX. Es sobre lo que cambia y lo que permanece, sobre cómo afecta a "lo japonés" una falla en los rituales, algo fuera de lugar.

    "Ese juego de negro contra blanco, de blanco contra negro, tenía el designio y las formas de una creación artística. Tenía el vuelo del espíritu y la armonía de la música. Todo se desvirtuaba si sonaba una nota en falso (...)".

    El maestro se muere un año después de ese último torneo.
    Es un libro que demuestra que, efectivamente, se puede hacer lietratura sobre cualquier tema... siempre que el que lo escriba sea Kawabata, claro.



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